Muchas veces al conocer a alguien que nos atrae físicamente pasa que nos dejamos llevar por nuestras carencias, nuestra hambre de amor, nos cegamos y no vemos más allá de lo qué queremos ver o más bien lo qué nuestra mente desea ver, ávida de cariño y amor y ya después del paso del tiempo nos quejamos porque la persona según nosotros cambió y no es aquella que conocimos, la pregunta es:
¿Cambio o apenas nos estamos dando cuenta de quien es en realidad?
¿Qué pasaría si en vez de ponernos los ojos de ansiedad y hambre por tener la pareja, según nosotros perfecta, nos damos la oportunidad de tratar a esa persona de conocerla y ver si somos afines y compatibles? verla con ojos de curiosidad, no de crítica, ni de juez, sino desde un lugar más tranquilo donde nos regalemos la oportunidad de que nos conozcan y conocer sin expectativas, sin futurizarnos y controlando nuestros más íntimos deseos de encontrar el amor o sentirnos amados, sólo ser nosotros y dejar ser a la otra persona, esto nos ahorraría un sin fin de relaciones fallidas y disfuncionales, nos daríamos la oportunidad de checar si esa persona no puede ser nuestra pareja, tal vez pueda ser un buen amigo.